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Ajedrez.

Ellas eran un dúo bastante interesante. Solas eran dinamita, pero juntas formaban una explosión nuclear. Tenían sinergia, de eso no había duda, pero la utilizaban para ser las mejores en destruirlo todo. Debías verlas. Eran sigilosas, tranquilas y selectivamente amigables. A veces hipócritas, a veces sinceras. Debías tratarlas con cuidado. Te hacían pedazos solo con una palabra o frase, y disfrutaban la desgracia ajena. Yo era su blanco favorito. Me derrumbaban, me hacían añicos, y siempre era el blanco perfecto para sus mejores disparos y estrategias. Ellas lo sabían. Sabían que tenían el poder de volverme polvo y lo aprovechaban. Hacían cada movimiento con premeditación para que cada ficha que movieran me pusiera en jaque. Derrumbaban mis torres,    mataban a mis peones,       lesionaban a mis caballos,          encerraban a mis alfiles              y raptaban a mi reina. En...

Blurry.

Dejé enfriar el café sobre la mesa y cerré la puerta. Las luces estaban apagadas, al igual que cada noche, así que caminé a tientas hasta la sala. Afuera se mezclaba el silencio de otra noche de julio con la luz de la Luna llena. Miré al reloj digital y rezaba las 11:30 pm de este jueves un tanto eterno. Tomé un gran sorbo de café y dejé que, por un momento, el sabor amargo me inundara la boca. La cortina estaba cerrada, así que apuré mi café y fui a descorrerla. Permanecí ahí, de pie, perdiéndome en la escena que tenía frente a mí:      todo se entremezlaba y resaltaba,      las luces se iban apagando una a una, hasta que solo quedó la Luna, el oscuro cielo y las estrellas. Un cometa cruzó el cielo, dejando un destello de luz momentánea. Abrí el ventanal y salí al jardín. Me recosté en la grama y me quité los lentes. Todo se volvió borroso y desenfocado, pero justo eso era lo que buscaba. Me perdí, busqué, intenté, pero cada estrella se volvi...

Prime.

Deseaba que escribieras y contaras estrellas, que crearas fantasías y fantasearas con la realidad. Deseaba que sonrieras con ganas y que tus ojos jamás perdieran el brillo. Deseaba que amaras mucho y con intensidad, sin miedo ni restricciones. Deseaba que vivieras mucho y plenamente, que disfrutaras y jamás te arrepintieras. Deseaba que jamás dejaras de ser tú, sin importar nada. Deseaba que fueras la mejor versión de ti, esa que siempre mostrabas, muchos deseaban ver y pocos veían. Deseaba tantas cosas para ti, que disfruté muchísimo el verlas materializadas y verte alcanzar cada uno de tus logros. Disfrute verte sonreír con tanta luz que jamás quise que te extinguieras...      así que, cuando tu luz se apagó, tu sonrisa se deshizo y tu valentía menguó, supe que era el momento de intervenir y dejar de mirarte desde lejos. Entonces, me atreví y te ayudé a levantarte, paso a paso, poco a poco, hasta que tus ojos volvían a adquirir un ligero brillo y ...

¿La muerte nos quita?

La muerte es algo extraño. Sabes que va a suceder y que, en algún momento, ya no estaremos o no estarán de una manera física, es decir, no podremos verlos, tocarlos o sentirlos. Nuestras vidas involucran tiempos pasados, presentes y futuros. En los dos primeros, nuestra vida se convierte en recuerdos y sentimientos, mientras que el último se basa en expectativas, deseos y anhelos, que no siempre se vuelven realidad... El futuro, ese intrigante mañana en el que no sabemos qué pasará, pero sí que queremos que pase, puede ser cualquier cosa, tanto vida como muerte. Día a día, nos preocupa que la muerte nos arrebate personas y momentos, pero más pronto que tarde, nos los quitan la distancia, el orgullo y el destino. Así que, simplemente, debemos aprovechar la vida y no esperar a la muerte.

Oscuridad.

A veces me desaparezco por un tiempo, me guardo en mí misma, creo miles de historias ficticias que me gustaría convertir en realidad, escribo, sueño, vuelvo a escribir y lo observo todo desde mi lente cóncavo. Siempre ahí:      cerca, pero a la vez tan lejos. A veces vuelvo a ser yo y decido salir, mirarlos a todos desde el mismo lente cóncavo... pero esta vez todos lo saben y no puedo usarlo como una metáfora, así que me integro, río con ellos, disfruto, les ayudo y trato de ser una persona bastante social. Funciona por un tiempo, pero luego regreso al principio. Regreso a la oscuridad que   me absorbe de a poco,      me esconde,         y me vuelve a liberar.

Te vi.

Te vi sonreír. Con ánimo o sin él, con alegría o tristeza, con amor, odio o decepción, o con aquel aporte de felicidad que hace el alcohol en el organismo. Te vi caer. Una y otra vez. Aunque, admito que, en cada una de ellas, lograba sorprenderme que siempre te levantabas, pero llevabas todo lo que te hundió contigo. Te vi insistir y desistir. Con ahínco, emoción, desgano o tristeza. Siempre ahí, hacia adelante, hacia ese punto que solo tú conocías. Te vi soñar. Con color o sin él, a gran o pequeña escala, pero siempre con un sueño en mente y una meta que alcanzar. Te vi crecer. Desde lejos, pero siempre cerca. Te vi ponerte más fuerte y bonita, escribir miles de cosas tristes y alegres, cambiar la historia y escribir cosas distintas. Te vi irte. Sin compañía, dejando los problemas atrás y avanzando en busca de algún sueño o propósito. Te vi encontrarte. En el mismo lugar de siempre: junto a tus sueños, escritos, poesías y sonrisas. Justo ahí, donde todos te buscaba...

Sin palabras.

Veo letras que van y vienen, se forman, se retuercen y forman mil y un palabras. Veo personas pasar como un borrón, como si los viera sin utilizar mis lentes. Me veo desde un punto vacío y hueco, me veo oscilar, moverme y volver a mi sitio original. Veo como todos bailan al son de la canción más movida que tiene la vida, los veo girar y girar sin fin. Veo sonrisas, miradas, fragmentos de personas que estuvieron, pero que ya no están. Me veo saltar de un sitio a otro como un péndulo de causa y efecto. Veo como todo se deshace, se fragmenta y se convierte en nada. Veo como la vida se ralentiza, se apaga, se acaba y se olvida. Me veo sola frente a una hoja en blanco y con un lápiz en la mano,      con cientos de ideas que nunca se concretan y miles de palabras que no forman ni una frase coherente. Me veo cada día más pequeña y amargada, ensimismada y encerrada en mí misma...                Pensando una y otra vez que,...